Por estas razones, tanto el Equipo de Estudio de Suelos de los Servicios Nacionales de Conservación de Recursos (NRCS) del USDA como el Instituto de Salud del Suelo han adoptado el SATURO como método estándar para medir la conductividad hidráulica saturada y el Instituto de Salud del Suelo lo considera un indicador de nivel 1 para las evaluaciones de la salud del suelo. Mayor facilidad de uso, conservación de recursos preciosos como el agua y el valioso tiempo de investigación, y mayor precisión: la pregunta más importante es ¿por qué no elegiría utilizar el SATURO para todas sus mediciones de conductividad hidráulica saturada de campo?
Retos históricos de la medición de Ksat
Si alguna vez ha medido la conductividad hidráulica saturada sobre el terreno, sabrá que es un proceso arduo. Hay que transportar cientos de litros de agua y equipos voluminosos hasta el lugar, clavar grandes infiltómetros de doble anillo, instalar depósitos de suministro de agua que deben rellenarse constantemente, instalar flotadores para mantener los niveles de agua, conectar mangueras, instalar registradores de datos y realizar pruebas para asegurarse de que todo el sistema funciona.
Después de cuidar el sistema durante 1-2 horas, los datos siguen necesitando un tratamiento adicional. Los datos deben descargarse manualmente y se añade un valor α, que representa la longitud capilar macroscópica del suelo, para tener en cuenta el flujo lateral. El problema es que este valor α debe calcularse en función del tipo de suelo que se esté estudiando. Si te equivocas, todos tus cálculos serán inexactos.
Leo Rivera, investigador científico del METER, se familiarizó con este proceso durante sus estudios de postgrado. Su proyecto, financiado por el Servicio Nacional de Conservación de Recursos (NRCS), requirió visitar más de 100 lugares, repitiendo este proceso en cada uno de ellos. Pasó tanto tiempo sobre el terreno que Google Maps lo captó en uno de esos lugares haciendo trabajo de campo.